MES DE MAYO

MES DE MARÍA

Tradicionalmente, la Iglesia ha dedicado el mes de mayo a la Santísima Virgen María, es por ello que desde estas líneas, y en este año d e la Misericordia, me gustaría insitir en la importancia que ha tenido y tiene María en nuestra fe. No en vano este mes de mayo en casi toda España se celebra la mayoría de las festividades dedicadas a la Virgen, y me gustaría que este mes de mayo del 2016 en nuestra Parroquia de Sant Jordi tuviéramos muy presente a Maria y dedicarle algún tiempo a la devoción mariana, en concreto al Santo Rosario, que si no lo re<zamos cada día por lo menos antes de las Misas de los sábados y domingos por la tarde y dedicarle nuestra vida con una oración conclusiva a la que es Nuestra Madre.

Huelga decir que por la Virgen vino la salvación al mundo, ella es la creyente por excelencia, ella es maestra de fe y abogada nuestra. Todos aquellos que nos dirijimos a Maria nunca quedamos defraudados, ella supo contemplar, vivir, y llevar a la vida todos los acontecimientos de su Hijo Jesucristo; supo estar a su lado y, aunque no comprendiera con la razón todo lo que acontecía “guardaba todas estas cosas en su corazón”, ella fue la que aglutinó e hizo que permanecieran el la fe los Apóstoles en los momentos de duda y oscuridad, y ella en Pentecostés reunida con ellos en oración, cuando bajo el Espíritu Santo sobre ellos, supo dar la confianza necesaria y la fuerza para ser testimonio de Cristo Resucitado y glorioso, de este modo propagar la fe. Dejémonos guiar por ella, dejemos que ella sea nuestra maestra de fe para que así podamos dar razón y testimonio de nuestra fe en Jesús resucitado. 

MARÍA

María única entre la mujeres, María no es a la vez Madre y Virgen sólo en el espíritu, sino también en el cuerpo. De espíritu ella es Madre, no solo ciertamente de nuestra cabeza y salvador, de quien ella nació antes, según el espíritu, porque todos los que creen en él – y ella es de estos – merecen ser llamados hijos del esposo; sino también Madre nuestra, que somos los miembros del cuerpo, pues ella coopera, por su amor, al nacimiento de los fieles en la Iglesia, que son los miembros de esta cabeza. De cuerpo, ella es Madre de nuestra Cabeza. Era necesario que, por un insingne milagro, nuestra cabeza naciera según la carne, de una virgen. Así, María es, en espíritu y de cuerpo, Madre y Virgen, Madre de Cristo y Virgen de Cristo.

 

                                           San Agustín

 


                                                                       

 
 
 
 
   
 
     
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